Ella estaba sentada, cerca a la ventana, perdida entre las gotas de lluvia que no dejaban de caer, pensativa, distante, ensimismada, el solo la miraba, se preguntaba que pasaba con ella, que era lo que tanto pensaba; no era la primera vez que ella prefería perderse en su mundo, en dejarlo a el solo en esta realidad, ella sabia que el nunca la iba a entender, que nunca iba a saber que pasaba con ella, que así ella se lo dijera, el, inconscientemente se rehusaría a aceptarlo, pero ella, ya cansada de batallar había decidido ignorarlo, lo que sentían el uno por el otro era grande y era fuerte, no querían dejarse, no podían dejarse, les resultaba inconcebible imaginarse separados, pero les resultaba invivible el estar juntos, ella lo decidió así, no le consulto a el, esa opinión no importaba, el se rehusaría y se harían mas daño, ella decidió estar presente, de cuerpo, de corazón, pero con la mente ausente, esa que siempre la ponía a dudar y a divagar, que la hacia pensar y razonar, esa a la que ella no quería escuchar para no sentir mas dolor, para no llenarse mas de angustia y aburrición, lo que no sabia no podía hacerle daño alguno, ella sabia lo que hacia o al menos eso creía, el la sentía diferente, mas complaciente, mas ligera, mas dependiente, menos ella, no dijo nada nunca, para el mejor, menos discusiones, menos peleas, menos enojos, era como el quisiera, lo que el dijera era una verdad absoluta, ella con el tiempo dejo de hablar, solo asentía con la cabeza a todo, ella dejo de soñar, dejo de dormir, dejo de comer, dejo de vivir, ella se dejo por su mente en blanco, dejo que su mente se vaciara cada vez mas, dejo de ser, y el, pues el la dejo a ella.
Vivir en estrato 6 con billetera estrato 2
Nací en 1987, desde 1992 vivo en un barrio cuyo estrato socio-económico es el más alto de la ciudad, he interrumpido esa racha de vivienda en dos ocasiones, en el 2009 viví en un cuarto en una residencia, en una zona de la ciudad que no distaba mucho de mi anterior espacio, la diferencia más importante para mí provenía de la carencia de lomas y la cercanía que me brindaban ciertos espacios que solía frecuentar, me gustó mucho vivir en ese miniespacio, esa ilusión de autonomía e independencia, esa esclavitud laboral para sobrevivir al día a día, casi un año, después volví al hogar, al penthouse que mi papá compró hace 26 años como un gangazo (el dueño se estaba divorciando y no quería dejarle nada a su ex pareja así que decidió deshacerse de sus bienes no prioritarios, uno de esos fue este apartamento), donde soñaba que creciéramos y viviéramos como él nunca vivió, rodeados de verde y de vecinos, gente de bien y decente, antes vivíamos en un barrio cercano a la zona que provee a gran p...
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